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¿Qué setas podemos encontrar en Vall de Núria?

Termina el verano, todo el mundo vuelve a las rutinas del trabajo, la escuela, la universidad; el recuerdo de las vacaciones se vuelve melancólico, lejano... Y de repente, entra en escena un "personaje" que lo revoluciona todo y llena las casas con el anhelo de volver a salir a su búsqueda: ¡LA SETA!

La seta, como hongo que es, le gusta el fresco y la humedad, por eso no es hasta el otoño que se asoma por los bosques del territorio y se queda con nosotros hasta la llegada de las primeras heladas. En Vall de Núria, el clima propio de la alta montaña, hace que el tempo de la seta sea un poco diferente, el ciclo se produce antes de que en muchas otras comarcas con montañas más bajas. A finales del verano ya podemos encontrar setas con cierta regularidad y no suelen aguantar demasiado más allá de finales octubre.

 


 

La aparición en escena depende de cada especie, de setas primaverales como el moixernó o la senderuela se pueden encontrar pero no tienen demasiada presencia. Los vistosos rebozuelos los encontraremos a principio de temporada, nos marcarán la entrada del actor principal: el cep. Sin duda, la seta más característico de los bosques de pino negro del Pirineo. Una seta voluminoso, muy apreciado en la cocina, capaz de haber dado la imagen de un adjetivo tan característico para aquellos que tienen una presencia robusta.

 

 Cep encontrado en Vall de Núria. Foto: David Codony

 

Después le seguirá el níscalo de sangre vinosa, bien en cotas altas a menudo son pinetells y los confundimos fácilmente. Si antes hablábamos de la imagen de la cepa, el estereotipo de la imagen de seta en Cataluña es sin duda el níscalo. Muy ligado a la cultura catalana, incluso los Pastorets le ceden un personaje, y en la cocina catalana, no hay plato que se cuelgue la etiqueta de cocina tradicional de montaña que no tenga este preciado hongo.


 

Otras setas que podemos encontrar en este entorno a 2.000 mts son el 'cama de perdiu', que pese a ser perfectamente comestible, la primera vez que lo cocinamos nos hará dudar de su posible toxicidad, ya que se vuelve de color lila. Algún seta de tinta, no demasiado apreciado por la comunidad setas, y los rossinyolics, una copia en pequeño de los ruiseñores que certifican la expresión de "salen como setas". No olvide que hay de venenosos como la oronja verde o el matamoscas o amanita, ni tocarlos! Y Finalmente la negrilla o negrito, que nos marcará el final de la temporada, con lo que se puede hacer una buena sopa que nos ayude a pasar el frío que ya habrá llegado.

 

Foto: Pinetell 

 

Pero últimamente el cambio climático ha hecho vivir situaciones de gran sequía en la montaña, así como haber superado los récords históricos de temperatura (hasta 28,5ºC!). Los otoños son más benévolas, el verano se alarga, la falta de precipitación... La seta es muy sensible a estos cambios y cada vez encontramos menos setas o más setas carcomidos.

 

Como muchas otras especies intenta adaptarse pero no está en sus manos, tal vez si que lo está en las nuestras. Con una actitud más conservacionista a escala global; pero también con pequeñas acciones locales que también son efectivas como no ensuciar el bosque, no levantar setas que no tomaremos, no llamar en medio del bosque ...

 

Es tan sencillo como aprender a amar nuestro entorno, el bosque y la montaña.

Foto: Rossinyols en Vall de Núria

 


Documentación:

PASCUAL Ramon. Guia dels bolets dels Països catalans.1999. Pòrtic Natura.

LLOBET Toni. Flora i fauna del Parc Natural Alt Pirineu. 2009. Brau edicions.

PASCUAL Ramon. Guia practica del boletaire. 2003. Pòrtic.

Octubre 08, 2019
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