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Recordando Llessuí con Jordi Farreny

Entrevistamos Jordi Farreny, una de las personas que conoció de primera mano el nacimiento, evolución y el final de la que fue la primera estación de esquí del Pallars Sobirà.

A día de hoy los remontes, abandonados y ya irrecuperables para su funcionamiento, forman parte del paisaje del Valle de Àssua. Son testigos físicos que demuestran el difícil negocio del mundo de la nieve y el esquí. Llessuí, sin embargo, es un caso que también nos permite corregir errores del pasado y que permite que otras estaciones de esquí puedan aprender de sus errores. Jordi Farreny nos ayuda a entender que, a diferencia de sus vecinas Espot y Port Ainé, Llessuí no ha sobrevivido como centro invernal hasta nuestros días.

 

Jordi, ¿cuándo y cómo comienza tu relación con el Pallars y con Llessuí en concreto?
Mi padre tenía una escuela privada en Lleida y cada temporada organizaba dos cursillos de esquí. Recuerdo que a menudo íbamos a Formigal y Andorra pero mi padre siempre tenía especial preferencia por venir en el Pallars. Por ello, finalmente, escogió hacerlos en Espot y en Llessuí. En paralelo, mi padre, cuando yo todavía era pequeño, se hizo una casa aquí y por proximidad empezamos a esquiar definitivamente a Llessuí. Entré en el equipo de competición de la estación, luego abrieron. Era un momento en que yo tendría unos 12 o 13 años. Recuerdo que éramos muy poquitos socios y corredores pero estábamos muy bien avenidos. En ese momento el entrenador ya era Pepe Rubio.

 

¿Como fueron los entrenamientos con Pepe Rubio?
Pues hizo muy buen trabajo y con muy pocos medios. El equipo de competición de Llessuí tenía muy poco que ver con lo que podían tener otros clubes de la Cerdanya o Andorra. Era un momento en que las ganas y la ilusión compensaban, de largo, los pocos medios económicos que había en ese club y aquella estación.

 

¿Y como era Llessuí para entrenar y competir?
Normalmente entrenábamos y competíamos en la pista de los Altares. Para acceder a la pista había un telesquí de, más o menos, 2 kilómetros de longitud y tenía una curva con ángulo recto. Pero en Pepe ya se adelantó unos años al que luego se normalizaría y, además de pasar puertas y hacer técnica, lo que hacía era hacernos entrenar mucho en el aspecto físico.
Aún recuerdo como desde la cota alta de Llessuí, a unos 2.450 m, nos hacía bajar en descenso sin parar hasta la cota baja, en el aparcamiento, a 1.450 m. Recuerdo que las pistas no se pisaban como se hace cada día y te podías encontrar de todo, como baches o nieve virgen.

 

¿Y el material para entrenar?
La evolución ha sido brutal. Las puertas o palos eran de madera de avellano y los tenías que apartar con el brazo o te "joda" unas castañas tremendas.

 

Fotografía de 1967 extraída de Nevasport

 

¿Se hacían muchas competiciones a Llessuí?
Por lo que era aquella época sí. Cuando empezamos a esquiar en Llessuí sólo hacía dos años que se había abierto Baqueira, en 1965, y dos años más tarde se abría Llessuí. Ya en 1968 o 69 se ponía en marcha Espot. Pero Llessuí no era una estación con garantía de nieve, aparte de no haber cañones, que en aquella época no había, tampoco se había preparado la estación para acumular nieve. O sea, ni biombos, ni rebajes en las pistas ni nada de eso. Y cuando soplaba el viento de norte ya te puedes imaginar como quedaba. Años más tarde sí se probó que hacer una especie de paravientos que eran de color naranja y de plástico cuadriculado, una especie de malla muy gruesa que hacía perder fuerza al viento. Tras el mallado se depositaba la nieve y más o menos hacían la función que hacen ahora los biombos verticales que vemos en muchas estaciones. El caso es que, en conjunto, a Llessuí todo era un poco precario.

 

Vídeo del noticiario dominical (NODO) el 15 de enero de 1968

 

¿Y como acabas convirtiendo el director de Llessuí? ¿Nos lo puedes explicar cronológicamente?
Pues como te decía, primero estuve compitiendo con el club de Llessuí y cuando hice los 18 años fui a hacer el primer curso para hacer de profesor de esquí. Y cada año que podía iba a subir un grado hasta convertirse diplomado, para el que necesité 5 años.
El siguiente objetivo ya fue el título de entrenador nacional, que eran 5 años más, que hoy sería un equivalente a un TD3. Todo ello 10 años, y recuerdo que no era en ningún caso económico. En cierto modo lo que quería hacer era como en Pepe Rubio. Hoy en día soy formador y examinador de profesores y lo ejerzo desde el instituto de la Puebla. Por cierto, que me parece justo añadir, sobre el instituto de la Puebla, que es lo que más alumnos tiene de sus especialidades, esquí, escalada, barranquismo, etc y esto con más variedad de procedencia, con alumnos que vienen desde Sierra Nevada o Galicia.
Al llegar el año 77, y después de estar aquellos diez años en contacto directo y muy a menudo con la dirección, entonces Quico Rafael, y también con los propietarios de la estación, fue cuando me casé. Ese mismo año desde la dirección me ofrecieron ser el jefe de pistas de la estación. Voy aceptarlo, renuncié a los estudios universitarios y ya de forma definitiva me establecí aquí en el Pallars. Fui jefe de pistas unos 4 o 5 años, hasta hacia el año 82.

 

Jordi Farreny

Jordi Farreny en su tienda Saorte Sports.

 

Y luego, ¿qué pasó?
Llegó la siguiente etapa. El hecho de ser cabeza de pistas me gustaba y me suponía unos ingresos, pero realmente lo que me motivaba era la competición. Como el trabajo de pistas sólo duraba, yendo bien, de noviembre a abril, decidí volver a la competición en invierno. Y en verano empecé a ponerme en el mundo del rafting.
Pero el tema de la competición en invierno lo planteé diferente a como lo había hecho antes. Junto con otro compañero empezamos a ponernos de lleno en este mundo y organizamos viajes por Europa y los Alpes: Alpe d'Huez, La Plagne, Les 2 Alpes, Les Arcs, Tignes y Val d'Isère. Dábamos un servicio integral. Se puede decir que prácticamente todo el día acompañábamos los clientes. Fue una buena época que me permitió conocer mucha gente nueva e interesante. Pero pasó que a veces podía estar 3 meses seguidos fuera de casa y eso no podía ser muy bueno para mi vida de casado. Así que dejé aquel proyecto y me puse de lleno a ayudar al negocio familiar de mi mujer y volver a la competición dentro Llessuí. Esto sería el año 84 o 85.

 

¿Y debía ser cuando te propusieron ser director de Llessuí?
Sí, correcto. Al ver que yo volvía a estar por aquí fue cuando me propusieron asumir la dirección de la estación, pero la situación ya era muy mala en ese momento. Hay aguanté unos dos años y medio, hasta el cierre de la estación, que en aquellos momentos ya sería propiedad del Banco Industrial de Cataluña. Fue un momento triste.

 

Fotografía de la estación y el ambiente en invierno. Extraída de un grupo de Facebook que recuerda la antigua estación.

 

Pero antes de caer en manos del banco en sus orígenes Llessuí había sido impulsada por un emprendedor, ¿cierto?
Sí, pero Llessuí no se sostenía económicamente. Pero a diferencia de La Molina, que en aquellos mismos años también quebraba pero con la suerte de que pasó a ser propiedad del Gobierno de la Generalidad, pasó que a Llessuí, como no había ni el peso histórico que sí podía tener la Molina, la dejaron caer.
Ni el Pallars tenía el movimiento de políticos ni familias que podía tener la Cerdanya ni era una estación tan cercana a Barcelona como La Molina, más aún después de la apertura del túnel del Cadí. Esto hizo que se dejara caer Llessuí y última Llessuí yo mismo.

 

¿Nos explicas más concretamente cómo fue el funcionamiento y cierre de Llessuí en su último año?
El último año de Llessuí, la temporada 86-87, coincidió con el primer de la apertura de Port Ainé. Pero el año antes, la temporada 85-6, que era de impasse, fue donde nos liamos yo, como jefe de pistas, y Quico Rafael, como director. Fue la Diputación de Lleida y los Ayuntamientos de la comarca los que se conjuraron para abrir la estación a toda costa. Fue una apertura un poco a la desesperada, en precario, pero había la convicción de que había que abrir sí o sí.
Ocurrió que en aquella temporada hubo un accidente mortal, un esquiador que había salido del perímetro de la estación, mientras esquiaba fuera-pistas. Estuvimos tranquilos porque el Juzgado de Tremp vio claro que nosotros no éramos los culpables de aquel accidente. El problema vino un año más tarde, en la última temporada, la 86-87, cuando ya la situación era insostenible económicamente a Llessuí y el caso del juzgado de Tremp se recurrió y pasó al Juzgado de Lleida.
Este Juzgado dictaminó que aunque ni yo ni el director éramos culpables alguien debía hacerse cargo de las indemnizaciones y como que la estación había abierto en precario y sin seguro, resultó que lo primero que hizo el Juzgado fue hacer un embargo preventivo de los bienes a mí ya Quico. Al final perdimos el juicio y nos acabaron de embargar, todo el restaurante por parte de Quico, y un piso mío.

 

Pero dos años antes del cierre, en 1985, se había inaugurado el nuevo edificio de servicios y la adquisición de nuevas pisanieves. No se acaba de entender este cierre ...
Bueno, sí, porque en medio de todo esto hubo un inversor privado. Era un abogado residente en Andorra pero vinculado a ERC, Joaquín Arana Pelegrí. Invirtió, y en cierto modo le dio un vuelco a Llessuí, pero lo hizo porque tenía mucha amistad con el alcalde que entonces, en Sort, era de ERC, y lo hizo para dar una mano a la situación, pero realmente no era un empresario. Además, que pronto vio que lo económicamente no era una buena inversión, todo lo contrario. De hecho, sus inversiones coincidieron con los dos peores años de Llessuí por falta de nieve.

 

Fotografía de la estación en la actualidad. Fotografía extraída de Nevasport

 

¿Esta falta de nieve que muy a menudo se arrastraba desde su inicio era normal?

Es que Llessuí, cuando se impulsó por parte de Alfonso Segalàs y un su hermano, residente en Llavorsí, además de varios socios del CEC, a finales de los años 60, se hizo sin un estudio serio. Simplemente, vieron que aquella montaña en invierno siempre estaba blanca y consideraron que aquello era suficiente para abrir unas pistas. Y sin estudiar demasiado bien donde instalar los remontes se hicieron las inversiones haciendo pasar el telesilla principal por una cresta que siempre estaba expuesta al viento, ya menudo tenía que cerrar. Y el telesquí de los Altares también subía por una especie de lomo o cresta que muy a menudo recibía todas las influencias de los vientos, de norte o de sur o de donde viniera. Esta ha sido un poco la historia de Llessuí.

 

¿Si Llessuí hubiera reubicado los remontes y hubiera invertido en producción de nieve, cruces que hoy en día sería una estación viable?
Sí, creo que sí, porque por ejemplo, el telesquí y la pista que se construyó más adelante en la zona del bache, siempre tenía nieve. La montaña de Llessuí es enorme, es como dos veces Port Ainé o Espot, pero en ese momento la estación de esquí no iba vinculada ningún proyecto inmobiliario, más allá de un hotel y un edificio de apartamentos y, ni ahora ni en ese momento, sin un importante apoyo urbanístico para hacer viviendas alrededor de la estación, el negocio del esquí es inviable. Al menos para arrancarlo.

 

¿Como era el ambiente de Llessuí?
Llessuí nació en una época de héroes emprendedores. Todo ello, aquellas familias que ayudaron en el nacimiento de la estación, entre las que muchas socias del CEC y que no debían ser más de un centenar de personas, tenían muchos vínculos con otras familias y amigos. Eran familias que tenían dinero y que se podían permitir ir a esquiar. Crearon un ambiente muy familiar, donde todo el mundo se conocía, que no quiero decir que sea ni peor que ahora en otras estaciones eh ?, pero era diferente, y eso se notaba mucho en el ambiente en el restaurante, donde por cierto se hacía una cocina muy buena y variada.

 

Mapa de pistas de Llessuí entonces. Fotografía extraída de Nevasport

 

Y una vez cerrada Llessuí, ¿qué hiciste?
Pues coincidió que me rompí la rodilla durante el último año de Llessui y decidí tomarme un año sabático. Aquel año se abrió Port Ainé y ya me ofrecieron ir a trabajar, pero preferí esperar un año más y, al siguiente sí, fui de director en Port Ainé.

 

¿Recuerdas alguna pista especialmente bonita o atractiva de Llessuí?
Sí, recuerdo el Tamboril, que era la pista más comercial, y los Altares, en la que, como ya he explicado antes, hay competíamos y entrenábamos.

 

¿Volveremos a ver algún día Llessuí abierto?
Yo diría que no.

 

¿Y una sugerencia para que las estaciones de Espot y Port Ainé no terminen como Llessuí?
Pues sí, dijo a los actuales gestores que lo que sólo se mantiene, acaba destinado al cierre. Y que, por tanto, no se limiten sólo al ir haciendo y que opten por hacer unas inversiones que las proyecten definitivamente.
Que miren que se ha hecho en otros lugares con montañas que nunca nadie se hubiera pensado que se podía hacer una estación de esquí. Y que miren lo que son ahora.
Por ahora el Pallars no puede competir ni con la Cerdanya, ni con el Valle de Aran, ni con Andorra ni tampoco con Aragón, así que, o se ponen las pilas de verdad para sacar adelante todo esto de lunes a domingo , o en unos pocos años nos encontraremos que ya será demasiado tarde. O puede pasar que sólo seremos un destino de familias con niños que vendrán a esquiar, con suerte, uno de los dos días del fin de semana y el resto de semana con las estaciones vacías y abocadas al cierre.

 

Jordi Farreny

Jordi Farreny durante la entrevista

Finalizaremos la entrevista con un vídeo de unos exploradores que fueron a descubrir cómo sería la sensación de tirarse por aquellas pistas años después.

 

Enero 08, 2019
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