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El reto empezó a tomar forma hace un año, cuando un compañero de trabajo le habló a Edu de un reto llamado Everesting, que consiste a subir repetidas veces un puerto determinado, y las veces que sea necesario, hasta completar el desnivel total del Everest. Desde entonces la idea de hacerlo había sobrevolado la cabeza de Edu, siendo él un ciclista experimentado que ya dominaba con cierta facilidad marchas de hasta 200 kilómetros. Por lo tanto, después de pensarlo bien, se decidió que en 2019 sería el momento de intentar completar un reto como el Everesting: "iba a hacer 50 años, y esta excusa me parecía perfecta" añade. El punto elegido para hacer el reto no podía ser más mítico: Montserrat, una montaña mágica, un puerto clásico del ciclismo catalán y con una orografía beneficiosa para un reto de estas características, puesto que la subida a Montserrat desde Monistrol hasta el Monasterio son 8,5 kilómetros con un desnivel mediano del 6,7%.

 



Una vez planteado el reto, 16 subidas en un solo día, surgió la necesidad de darle otra cara al evento. Al solo hecho de satisfacer el ego, con un reto de estas magnitudes, le faltaba algún añadido. Algo más. Y he aquí donde el Everesting Montserrat se convertiría en un reto solidario, el cual daría la recaudación al Hospital Infantil de San Juan de Dios, colaborando en la investigación de la lucha contra el cáncer infantil. Un hecho que había tocado de mucho de aprop a la familia de la Edu. Con cada subida se aportará una cantidad determinada, y en caso de hacerla acompañado dicha cantidad será superior. Todo estaba listo.

 


 

LA JORNADA


El día del reto el despertador suena a las tres y media de la mañana. Afuera llueve y Montserrat está allí, como siempre, esperando para ser escalada 16 veces.

A las 5 de la mañana la Edu y Sergio, el compañero de trabajo que le había sugerido la idea, se ponen en marcha. Todavía llueve ligeramente, la carretera está mojada y la noche, justo en los minutos previos a que aparezcan las primeras luces sobre el horizonte, se tiñe de la oscuridad más negra. Las dos primeras subidas son de soledad, pero a medida que avanzan las horas, amigos y familiares van alternándose a los pedales con la intención de acompañar y ayudar a los escaladores a los dos ciclistas. La lluvia suave de aquellas primeras horas, lejos de ser un inconveniente, tal como dice el Edu, le ayudaba a seguir adelante:

"El verde de las hojas tenía ese brillo especial de los días de lluvia, y la niebla de las cotas altas de Montserrat dotaba al paisaje de una aréola mágica".

 



Mientras tanto se sumaba gente en la fiesta: a partir de la quinta subida el grupo no bajará de las 10 unidades hasta la llegada de la noche. En algunos momentos el grupo lo llegan a formar hasta 20 ciclistas. A la octava subida, ya con medio Everesting al saco, se aprovecha para hacer una comida abundante. Pasta, carne y fruta, y sin mucho tiempo para bajarlo empieza el descenso del puerto para volver a completar otra ascensión: la novena.

 


Y como mandan las supersticiones, a la decimotercera subida lleva una firma muy clara: aparece el muro. Edu nunca había completado más de 5.500 metros de desnivel en una sola marcha, y una vez sobrepasado este punto empiezan los problemas. Quedan 4 subidas y el ritmo baja. Coronada la decimotercera Montserrat es el momento donde se come sin hambre, se bebe sin sed, y se intenta descansar algo más de lo previsto. Las piernas están tocadas, pero la cabeza parece estarlo más. Entonces la Moreneta obra milagro: "lejos de hundirme, me recupero despacio y en la subida 14 vuelvo a los tiempos habituales. Es como volver a empezar" asegura el Edu. La euforia se desata a medida que cae la noche, solo quedan dos subidas.

 


 

Se va el sol, vuelven los focos, y al pie del cañón vuelven a estar los dos que estaban antes del amanecer: Edu y Sergio. Y así llega la última Montserrat del día, la decimosexta, la que "cada curva hace pensar en todo el que se ha vivido durante el día". Pocos minutos antes de las 11 de la noche, los dos ciclistas creen por última vez la barrera del parking y afrontan el último kilómetro. En el santuario aún hay gente que asiste a un concierto, todavía hay vida. Una vida que se ha hecho muy patente para Edu en las últimas horas: "he visto feriantes montar y desmontar las tiendas. He visto un boda entera: he visto llegar a los invitados y a los novios, y después los he visto salir como marido y mujer". La vida pasa también mientras subes a Montserrat. Y entre pensamientos fugaces, sombras y luces se completa la Everesting. 16 subidas, y un total de 905 € recaudados.

 



El éxito es rotundo, y la satisfacción, desbordante. Los ciclistas suben y bajan, los peregrinos llegan y se van, pero Montserrat siempre es allá, y Edu ya piensa en repetir la gesta este 2020.

 

Si quieres ver el track en Strava, ¡haz click aquí!

Octubre 16, 2019
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