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Así es Vallter después de un levante

Visitamos Vallter vestida de blanco inmaculado tras la levante de lunes

El lunes 5 de febrero de 2018 nevó intensamente en Vallter. La estación del Valle de Camprodon recibía un levante que descargó más de un metro de nieve, como suele ocurrir con estos temporales de nieve que vienen cargados de la humedad del Mediterráneo.

Al día siguiente, martes, el problema fue llegar a pistas. El miércoles la estación recibía la visita del helicóptero equipado con Daisybell, que precipita artificialmente los aludes de manera controlada.

El jueves la estación aún sufría la resaca del levante y se acababan de acondicionar accesos, pistas y todas las instalaciones. Así que no fue hasta el viernes que los esquiadores pudieron disfrutar de los efectos prácticos de la levantada en todo su esplendor: un día de sol y cielo azul, nieve polvo, todo abierto y viento en calma. Cuatro requisitos que ningún esquiador  se dejaría perder por nada del mundo. Y eso es lo que hicimos nosotros: visitar Vallter.

La carretera para llegar a Vallter ya era por sí misma un espectáculo de nieve apenas pasado Setcases, con espesores de 70 cm de nieve en forma de corte vertical a ambos lados de la carretera. El día prometía. Pocos minutos antes de las 9 de la mañana tocaba atarse las botas en el aparcamiento de Vallter. Nos esperaba un gran día por delante.

 

Todo abierto


El viernes Vallter lo tenía todo pisado y  abierto. Sólo el telesquí de la Ximeneia estaba cerrado, y eso que las pistas a ambos lados del remonte erstaban pisadas. Este sector, encarado a sur, es un buen termómetro para saber en qué estado se encuentra la estación. Si es tá abierto y está bien cubierto de nieve es un síntoma evidente de que la estación se encuentra no al 100%, sino al 120%. La Ximeneia ya lucía este viernes como pocas veces: de blanco brillante uniforme.

 

 

Cuando visito Vallter el recorrido que suelo hacer a menudo es el mismo. Empiezo los telesquís de debutantes (Morens I y II) donde hago un calentamiento breve todo esquiando por las verdes de debutantes. Así que el viernes no fue diferente. El caso es que mientras subía por el telesilla ya observé que el grueso de nieve debía ser superior a los 2 metros. Levantando uno de los bastones se podía tocar el cable del remonte.

La visita continuó por el telesilla Jordi Pujol y los telesquís del Bac de Barquins. Un consejo por si visite Vallter: si deseáis ir rápidos, tomad los remontes. Pero si deseáis disfrutar de buenas vistas, entonces el telesilla es vuestro medio de transporte.

 

Desde el relax que da la silla, y observando a ambos lados, se podía ver como los efectos visuales del levante eran el de una manta de nieve de blanco inmaculado que lo cubría todo. Sólo las trazadas de las pisanieves a pistas, y las de algunos esquiadores o surfs de nieve fuera de los trazados principales, rompían el blanco uniforme. Un blanco "polar" que por fuera de las pistas Estadio-El Clot, Jordi Pujol, Barquins y Puig dels Lladres, delataba pocos relieves y sombras, lo que evidenciaba que el espesor de nieve era de metro y medio o más. Esquiar por estas cuatro pistas, y realizar fotografías y vídeos, me ocupó buena parte de la mañana. Comenzaba a ser hora de visitar la pista de El Xalet.

 

 

 

Visita a la pista de El Xalet

La pista de El Xalet también lucía un magnífico aspecto. Pisada íntegramente de arriba abajo pero poco "transitada" por los esquiadores, la pista recuperaba su aspecto más valioso: la belleza de su bosque, la presencia del mítico refugio del CEC, siempre bajo la vigilancia permanente de las cumbres del Gra de Fajol Gran y Petit.

Y sobre todo, su tranquilidad, en armonía con el paisaje nevado del entorno. Si en la pista de El Xalet  añadimos el marco de fondo de la silueta de los dos Gra de Fajol recortados por el cielo azul, era evidente que el viernes esta pista era una de las fotografías que cualquier aficionado al instagram quisiera capturar.

Como ocurre en días así las horas pasaron deprisa. A primera hora de la tarde, cuando el cansancio físico comenzaba a hacer acto de presencia, el cielo se empezaba a encapotado. Y cuando ya eran cerca de las 5 de la tarde, hora de cerrar pistas, el cielo ya se había quedado bien gris. Y entraba aire frío de norte. Por suerte, a esa hora, en la que las montañas, valles y cumbres nevadas de la cabecera del Ter recuperan la tranquilidad, el trabajo ya estaba hecho.

Vallter Viernes lucía un blanco inmaculado, y nosotros estuvimos presentes para ser testigos gráficos. ¡Deseo que os gusten las imágenes!

 

Ivan Sanz Tusell

Febrero 14, 2018
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